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Manuel Jurado

LAS CLÁUSULAS SUELO, SU NULIDAD, Y EL TRIBUNAL DE JUSTICIA DE LA UNIÓN EUROPEA

Desde hace meses, muchos españoles esperan la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que resuelva sobre la retroactividad de los efectos de la nulidad de las cláusulas suelo de los préstamos hipotecarios. Salvadas puntualísimas excepciones, nuestros Juzgados aplican en sus resoluciones sobre nulidad de dichas cláusulas la reciente doctrina del Tribunal Supremo, en virtud de la cual las entidades bancarias y de crédito únicamente deberán devolver a sus clientes, y una vez declarada por un juez la nulidad de la cláusula suelo en su préstamo hipotecario, las cantidades indebidamente pagadas desde la fecha de 9 de mayo de 2013, es decir, desde la fecha de la sentencia del Tribunal Supremo que fue pionera en declarar, en determinados supuestos, nulas estas cláusulas.

Sin embargo, hace pocos días se hicieron públicas las conclusiones del Abogado General del Tribunal Europeo y en las que solicita que, en su futura sentencia, dicho órgano falle favorablemente a la limitación de los efectos retroactivos de la nulidad de las cláusulas suelo. Es decir, amparando la doctrina de nuestro Tribunal Supremo de que las cantidades indebidamente cobradas por las entidades de créditos y bancos se devuelvan, únicamente, desde la referida fecha de 9 de mayo de 2013, y no desde la de firma del préstamo hipotecario.

La razón fundamental que esgrime el Tribunal Supremo para tal limitación de los efectos de la nulidad, y aclaradas en sentencia posterior de 2015, responden a razones -dice- de buena fe, pues los firmantes de los préstamos hipotecarios ya conocerían sus posibilidades para atacar la validez de tales cláusulas, dando lugar a una posible avalancha de demandas. Por su parte, el Abogado General funda sus Conclusiones en que tal limitación de efectos es compatible con la Directiva europea sobre las cláusulas abusivas en los contratos celebrados con consumidores.

Al margen tales razonamientos, sin duda se trata de una mala noticia para los firmantes de las hipotecas, pues no se les reconocería su derecho al reintegro de todas las cantidades indebidamente cobradas por sus entidades prestamistas y, si bien no es vinculante, el Tribunal suele atenerse a las Conclusiones del Abogado General.

 Lejos de intentar ofrecer una reflexión atractiva o buenista hacia los perjudicados por sus préstamos, lo cierto es que de prevalecer la idea de la limitación de los efectos de la nulidad de las suelo, la institución jurídica de la nulidad sufre un quebranto en su esencia y fundamento, pues la nulidad es todo lo contrario a la validez en Derecho. Esto es, si algo no ha existido conforme a Derecho, tampoco pueden prevalecer sus efectos. Si dichos efectos son limitados, no se está ante una nulidad. Si se declara la nulidad de una cláusula contractual -como es el caso- ¿cómo se mantienen determinados efectos? Si dicha cláusula es nula por no haber existido, ni debe existir, tampoco los efectos derivados de la misma. Dentro de las clases de ineficacia de un negocio jurídico, la nulidad representa el supuesto más grave, de ahí el despliegue de sus efectos: ex tucn, desde siempre.

Ciertamente, el Derecho no puede ser contrario a la realidad social del momento y del lugar, por eso se entiende que en el Abogado General del Tribunal Europeo -y en éste-, exista cierta incertidumbre sobre las consecuencias económicas que tendría en los bancos que se dictare una sentencia que reconociera la obligación de devolver a los perjudicados de las cláusulas todos los intereses indebidamente pagados desde la firma del préstamo hipotecario. ¿Una debacle económica? No puedo aventurarlo por razones obvias, pero sí me atrevo a decir, no obstante, que si se dictase una sentencia que reconociera esa limitación restitutoria, no debería de hablarse de nulidad de  cláusulas suelo, y mucho menos, desde luego, de protección de los consumidores en el seno de la Unión.

 

Manuel Jurado
Autor: Manuel Jurado

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